Année 2010


I/2010                                                     Nouvelle parution, mise en ligne le 21 janvier 2010



Los derechos humanos desde 68
Dentro individualismo y personalismo

J.-M. Trigeaud,
Trad. esp. mex. M. J. Camara Bolio


Sin duda hace falta admitir que la Historia es, siempre, una manifestación tardía de la cultura, y que hay una suerte de "retraso de la conciencia" que la caracteriza. Así en el 68. Ese momento, que entre la trama cronológica de la historia de los hechos sociales refleja un cierto estado de espíritu; bien que ese estado de espíritu o esa "mentalidad" reenvían  a una edad anterior a la pretendida evolución de las ideas. Ahí se indica la complicidad y se constituye el último testimonio. Seguramente, este es ayudado por diversos pensamientos originales, pero aquellos que prologan el movimiento de un pasado conceptual ya archivado. Y es esto precisamente lo que enseña la reflexión sobre "los derechos del hombre".
Enseguida de la Revolución burguesa del 89 y de los actos declarativos de derechos subjetivos, que marcaban en ella misma la sumisión a un idealismo,  el declive pronto se percibe a través del  romanticismo corriente de los historicismos y sociologismos, a la moda germánica, anglo-sajona o francesa, pues la reacción había sido muy fuerte al comprometer el proceso del racionalismo genericista y abstracto, opresor de las masas. Un nuevo humanismo había  nacido, que suscitaba, sobre todo contra él, la acusación de "individualismo". El
socialismo real se anunciaba por allá, materializando el lenguaje Kantiano o Hegeliano, y profesando el dogma de la reapropiación por lo colectivo de eso que lo individual dominante lo había hecho perder. Y se pasa, así, de lo mismo a su exacto contrario, recibiendo simplemente un contenido concreto o plasmando su "efectividad". El Marxismo no era otro, en efecto, que un Kantismo o un Hegelianismo objetivizado en lo concreto, y no conducía a una "Revolución" más que a reestablecerla sobre un fundamento social mejor entendido, asumiendo, en fin, la igualdad socio-económica de todos.
Esta concepción, que ha producido rápidamente la crítica de los derechos del hombre que se sabe con Marx y Engels, en
La Cuestión Juzgada y en La Ideología Alemana,  ha sido atacada como la alienación del grupo social por una individualidad hegemónica y colisionada con otras, hacia la mitad de la creación de derechos llamados "subjetivos". Ella ha visto ahí el símbolo de un artificio convencional y "fetichista", consistente en borrar la infraestructura material bajo una superestructura formal, reductora y mistificadora, destinada a dominarla.
Tal concepción ha estado asociada a todos los impulsos teóricos que han acompañado sin cesar a los socialismos reales a través de su devenir, frecuentemente revolucionario, asì como a través de sus efectos, a veces reformistas ; y, brevemente, ello ha contribuido a difundir por largo tiempo una suerte de
Vulgata ideológica que ha condicionado el discurso político.


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